Con delicadeza y humor, Rosa no es un color se adentra en el mundo de una protagonista que vive rodeada de tonos rosados y, sin embargo, empieza a cuestionar su lugar entre los colores. Firmado por Lindsay Ward, el relato integra personajes entrañables —como el flamenco Phil y un dinosaurio de juguete— para plantear, de forma cercana, preguntas sobre identidad, pertenencia y la capacidad de irradiar alegría.
La trama sigue a Rosa cuando observa la preparación de la fiesta del arcoíris y, al descubrir las tintas y la variedad cromática, se enfrenta a la confusión hasta que un amigo le muestra las múltiples maneras en que su presencia influye en los demás. A partir del universo de colores ya presentado en «Este libro es gris», esta obra amplía conceptos sobre primarios, secundarios y mezclas tonales, ofreciendo una lectura visual y emocional que invita a valorar la singularidad y a reconocer que cada quien decide qué le hace feliz.