Frente a la disrupción provocada por la pandemia, la reflexión sobre los primeros años de la educación adquiere una urgencia inédita. En este contexto, The new kindergarten propone una lectura centrada en cómo la experiencia educativa temprana depende tanto de las relaciones y los estímulos sensoriales como de los entornos físicos que las posibilitan, y analiza por qué la enseñanza telemática no sustituye los procesos de socialización y descubrimiento que se viven en las instituciones presenciales.
El texto argumenta que el aprendizaje en la primera infancia se nutre de la interacción con materiales, texturas, luz y movimiento, y que la arquitectura y el diseño pueden transformar esos elementos en contextos amables que fomenten la creatividad y el desarrollo de la personalidad. A partir de estudios y observaciones, plantea criterios y propuestas para repensar espacios educativos —desde la escala de la sala hasta el paisaje exterior— con el fin de facilitar el juego, la autonomía y las relaciones entre niños, educadores y familias, atendiendo además a la necesidad de entornos resilientes frente a futuras contingencias.