Con un humor insolente y una prosa afilada que alterna lo lúdico y lo provocador, en Mi tío Oswald Roald Dahl se despliega una larga aventura erótica matizada por imaginados encuentros con célebres personajes, donde la fantasía y la ironía conducen la narración hacia episodios tan divertidos como inquietantes.
La novela articula situaciones insólitas que ponen en evidencia los resortes del deseo, la vanidad y las convenciones sociales, escrita con la precisión y el ingenio que distinguen al autor. El ritmo vive de contrastes: escenas mordaces que conviven con instantes de singular ternura, ofreciendo una lectura vibrante que estimula tanto la risa como la reflexión sobre los límites de la imaginación y la transgresión.