A partir de un encuentro fortuito entre una joven estudiante y un adolescente reacio a la lectura, Los aeroestatos plantea una fábula sobre el poder transformador de la literatura. Ange, de diecinueve años, comienza a dar clases a Pie, un chico de dieciséis con dislexia que desprecia los libros y a sus padres; su pasión son los aerostatos. Mediante lecturas tan diversas como «Rojo y negro», «La Ilíada», «La Odisea», «La Princesa de Clèves», «El diablo en el cuerpo», «El idiota» o «La metamorfosis», la resistencia inicial de Pie cede ante preguntas que lo conmueven y lo obligan a pensar.
La novela de Amelie Nothomb observa con precisión y sensibilidad ese tránsito: la relación entre maestra y discípulo se estrecha hasta conformar un vínculo que eleva y, a la vez, explota. La metáfora de los aeroestatos —el gas que permite a los zepelines flotar y que, por su naturaleza, resulta también altamente inflamable— ilumina el delicado equilibrio entre la elevación intelectual y el riesgo emocional. Con prosa contenida y penetrante, la obra invita a considerar cómo la literatura puede desencadenar transformaciones personales profundas y peligrosas al mismo tiempo.