Ania, la protagonista de esta novela, recibe la petición de su padre de acudir en representación de la familia a despedir a su tío Agustín, quien agoniza al otro lado de la cordillera; para hacerlo emprende un viaje de mil quinientos kilómetros que funciona tanto como huida del presente como desplazamiento hacia las fronteras difusas de la memoria. En El sistema del tacto la narración se despliega en episodios y temporalidades que delinean con sutileza la geografía íntima de personajes que se ven extrañados en los lugares que habitan.
A través de décadas —desde los años setenta hasta las primeras décadas del siglo XXI, con ecos de un pasado piamontés— los vínculos familiares se tensionan y revelan una genealogía interrumpida: Ania y Agustín aparecen como reflejos cruzados, y Nélida, la madre omnipresente, va perdiendo el hilo de la memoria bajo el peso del trauma migratorio. La prosa de Alejandra Costamagna construye un relato de gran economía expresiva que explora cómo las lenguas, los afectos y las geografías se convierten en territorios de pertenencia y extrañamiento, ofreciendo una lectura densa y emocionante sobre la herida de las raíces y la fragilidad de la memoria.